En busca de la educación perdida

Por Marcelo Garriga y Norberto Mangiacone
FCE-UNLP

La discusión salarial de los docentes y la amenaza de los gremios de no dar clases, ha vuelto a ocupar la escena política. Sin duda el nivel de los salarios es un tema central para garantizar la calidad académica, pero no el único. La evaluación de la política educativa en su conjunto parece estar otra vez olvidada.

Robert Lucas, Premio Nobel de Economía en 1995 (1), sostiene que la clave del crecimiento económico radica en la acumulación de capital humano. A su vez, cualquier esfuerzo por reducir la desigualdad y aumentar la equidad requiere ampliar la cobertura y mejorar la calidad educativa. Y este es el gran desafío que enfrenta la educación en Argentina.

Nivel de Educación de la Población

Los resultados de los niveles de educación alcanzados en las últimas tres décadas, obtenidos de los censos poblacionales, son realmente alarmantes (se utilizan resultados censales para evitar posibles sesgos administrativos).

cuadro garriga educación

En el cuadro se presenta la cantidad de individuos con nivel primario y secundario completo, respecto a su población de referencia. A modo de ejemplo, para el año 2010, el 86% de individuos con 12 años o más tiene nivel primario completo respecto a la población total de dicha edad. Se observan cifras preocupantes cuando se hace foco en la “edad teórica” de finalización de estudios primarios o secundarios (aun considerando un concepto de edad teórica no estricto ya que se deja un margen de 3 o 4 años para considerar la finalización a término). En el caso de la educación primaria, un 30% de los individuos no finalizan a la “edad teórica” (entre 12 y 15 años) según el censo de 2010. El indicador de sobre-edad muestra el retraso de los alumnos en su evolución en el sistema educativo, revelando su vulnerabilidad.

En la educación secundaria puede verse que a lo largo de los distintos censos el porcentaje de individuos que finalizan la secundaria es creciente, pero los valores son muy bajos. En el año 2010 sólo el 33% de los individuos tiene educación secundaria completa en la “edad teórica” y se incrementa al 43,7% cuándo se considera toda la población igual o mayor a 17 años. Es decir, más del 56% de la población no termina la escuela secundaria, con claros efectos adversos sobre el bienestar de la sociedad.

Desempeño educativo

El retroceso en la calidad de la educación formal se hace evidente. Así lo muestran las evaluaciones estandarizadas internacionales PISA, que se realizan en más de 60 países a alumnos de 15 años de edad en las áreas de matemáticas, lectocomprensión y ciencias. Los resultados son desalentadores. Entre 2000 y 2012 (último resultado disponible), la Argentina perdió más de 20 puntos en las evaluaciones en lectura, mientras que países como Perú, Chile y Brasil mejoraron significativamente su desempeño. Esto significa que más del 50% de los alumnos de 15 años de edad no alcanzan a comprender un texto. Algo similar sucede en matemáticas, donde más del 60% de los alumnos evaluados no alcanzan a realizar razonamientos básicos.

En algunos casos la manipulación de los datos no ha sido una buena estrategia. En el año 2016, el país fue descalificado de las pruebas PISA, ya que la muestra relevada en el 2015 no cubría la población objetivo (debido a la omisión de escuelas de la muestra).

Los magros resultados observados en las pruebas PISA tienen su correlato a nivel universitario. De 2500 alumnos que ingresan a la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata, al cabo de la finalización del primer año, valores cercanos al 40% está en condiciones de seguir cursando la carrera (aprobaron las materias requeridas para continuar la carrera) (2). El resto queda en el camino. No se observan resultados sustancialmente diferentes en otras casas de estudio

Gasto en educación

Por su parte el gasto en educación presenta una participación creciente en el tiempo. En la década del 80, el gasto en educación era en promedio algo superior al 3% del PIB, ligeramente superior al 4% en los 90, en promedio mayor al 5% del PIB en la década de 2000, y cerca del 6% en la actualidad. Esta tendencia creciente contrasta con los resultados educativos presentados. Gastar más en educación no garantiza mejores logros educativos.

Otra mirada de la política educativa

Es necesario abordar el resto de los problemas que hacen a la política educativa. No parece estar en la agenda de discusión la selección de los directores de los colegios (3), la formación y capacitación docente, las nuevas tecnologías de enseñanza, las altas tasas de ausentismo, entre otras. Por el lado de los alumnos, tampoco se plantea cómo resolver las elevadas tasas de sobre-edad, repitencia y abandono. Por ejemplo, según datos del Ministerio de Educación de la Nación para el año 2015, el porcentaje de alumnos con edad mayor a la edad teórica es del 17% para el 6to año de la primaria y del 33% para el promedio de la escuela secundaria.

En este contexto, ¿cuál es el futuro del 56% de los jóvenes que no termina la escuela secundaria? ¿Cómo afecta esta cifra al conjunto de la sociedad en términos de convivencia, criminalidad, desarrollo económico, responsabilidad democrática, igualdad de oportunidades, entre otras cuestiones?

Se necesita cambiar rápidamente el eje de la discusión. Sin una política educativa dirigida a mejorar el capital humano, como señala el Nobel R. Lucas, el futuro estará hipotecado.

Referencias

(1) Ver On the Mechanics of Economic Development (1988).

(2) Garriga, M. y Rosales, W. (2016). “Acceso a la universidad. La influencia del vecindario sobre el desempeño educativo”. Trabajo presentado en las 49° Jornadas Internacionales de Finanzas Públicas.

(3) Factor clave en un contexto de recursos que necesitan ser asignados eficientemente, tal como lo muestran Branch, Hanushek, Rivkin (2013) y Cullen y Mazzeo (2007), entre otros autores.